Apple hace beneficio con la esclavitud en China

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Hace menos de una semana llegaba la noticia de que Apple había conseguido un beneficio récord gracias al iPad y al iPhone. La investigación de dos ONGs revela que se han conseguido con mano de obra esclava en China.

Casi 6.000 millones de dólares de beneficio en el trimestre cerrado. Exactamente 5.990 millones, que tocan a casi 2.000 millones al mes. Mientras tanto, los empleados de la fábrica de Foxconn viven en condiciones miserables, hacinados en habitaciones en las que conviven más de 20 personas, con jornadas mínimas de 48 horas semanales y un sueldo de 1.350 Yuan al mes. Eso toca a unos 73 céntimos de Euro por hora.

La empresa no ha tardado en manifestar que sus trabajadores son casi felices de vivir en el paraíso que Apple ha conseguido llevar hasta su provincia en China, que los trabajadores hacen sus casi 100 horas extraordinarias al mes de forma voluntaria y que las medidas anti-suicidio que han tenido que implantar no tienen nada que ver con las condiciones laborales. Lo peor es que esto mismo dijeron hace cinco años por las mismas causas.

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Ni los clásicos se salvan de la censura

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Mark Twain es la última víctima del continuo movimiento de fundamentalismo y represión social que viene desarrollándose hace tiempo en toda la sociedad occidental. Sus obras van a ser censuradas para contentar a las minorías ultra-religiosas del país.

Aunque la mayoría de noticias que comentamos son nacionales, ésta es de las que nos parecen lo suficientemente graves como para dedicarles un tiempo. Primero, porque lo merecen y, segundo, porque ya sabemos que la memez se propaga a una velocidad superior a la del sonido y no debe extrañarnos si en breve aparecen por aquí iniciativas semejantes.

En esencia, algunos colectivos han ejercido la suficiente presión como para que una editorial considere que hay “mercado” para publicar obras censuradas de Mark Twain, en las que se sustituyan las expresiones originales del escritor por otras más contemporáneas y políticamente correctas.

La manipulación de las noticias es algo habitual hoy en día, una tendencia que seguramente se pierde en la noche de los tiempos, pero que se oficializó con los gobiernos fascistas de izquierdas del siglo XX, y que luego han abrazado con entusiasmo el resto. Por tanto, no debería asombrarnos que alguien proponga la manipulación de un documento para adaptarlo a su conveniencia, aunque con ello se falsee su origen y contenido inicial. Si el documento es una obra de la literatura, mucho más fácil ya que el arte no merece ningún respeto, excepto si la SGAE puede sacar tajada de ello.

En este caso, parece ser que algunos grupos se quejan de que Twain utilice en sus textos expresiones de la época en los que falta la hipocresía y superficialidad modernas. No se dice “negro”, sino “afroamericano”. Por tanto, la mejor idea que se les ha ocurrido es editar una versión de la obra en la que se modifiquen todas las expresiones desagradables con otras más adecuadas a sus gustos y preferencias. Es como si alguien propusiera editar una versión de El Quijote en la que el hidalgo caballero cambiase todas sus referencias a los personajes de la obra con la majadería de la @ en los sustantivos neutros, por ejemplo: “ciudadan@” en vez de “ciudadano”.

Algunos ya han advertido del grave riesgo que se corre con estas iniciativas. El primer paso es modificar una obra para adaptarla a las preferencias de un colectivo, en este caso una escuela que quiere enseñar a los alumnos “su” versión de la literatura americana. Lo mismo se puede hacer con la letra de todas las canciones que son molestas. El siguiente es “retirar” las obras no autorizadas o, mejor, quemarlas en una hoguera pública para que la gente pueda celebrar la creciente pureza política de los ciudadanos. Qué rayos y, ya puestos, vamos a revisar todos los libros de historia para que digan lo que más convenga a los intereses del partido político de turno que esté en el gobierno. Pero… ¿qué digo? ¡Si esto ya está ocurriendo aquí! Sólo hay que asistir a una clase de geografía e historia en Euskadi para ver que España es un país extranjero, como Francia.

Lo que más horripila de este asunto es que el promotor de la idea es ¡un profesor de literatura! No nos extrañemos si dentro de poco vemos alguna iniciativa del Gobierno para que se censuren las obras de Santa Teresa de Jesús y las adapten al estilo de Almodóvar, haciendo que sus comentarios extásicos se conviertan en claras referencias a una homosexualidad reprimida. Total, sólo se trata de un clásico de la literatura española.

Zalamea se rebela contra la extorsión de la SGAE

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Zalamea se rebela contra la SGAELa organización para-mafiosa SGAE ha conseguido que sea imposible representar uno de los clásicos de la literatura española. Zalamea utilizará una adaptación de la obra de Calderón de la Barca, para evitar la extorsión anual.

Es cierto que la SGAE no es la única empresa de gestión de derechos que ha pervertido su función para convertir la recaudación de dinero en un fin. Es cierto que el pueblo de Zalamea no es el único sitio en el que se han dado paradojas como que un grupo de vecinos no pueda representar una obra del teatro clásico para promocionar el turismo de su pueblo, sin sufrir las amenazas de esta entidad.

Lo llamativo de esta combinación es que la SGAE no oculta el atropello que realiza de las funciones por las cuales fue creada y que “El Alcalde de Zalamea” es una obra que denuncia, precisamente, el abuso de la clase dirigente hacia el pueblo llano. Por tanto, la decisión del ayuntamiento de Zalamea primero de no pagar el canon y ahora de cerrar la caja usando otra versión, se percibe como un ejemplo de lo que debería ser la resistencia civil a estos ladrones y quienes les amparan.

Los políticos intentan ser discretos, que no se note cuánto roban. Cuando castigan a uno de los suyos es, precisamente, porque su avaricia le lleva a cometer errores y llamar la atención. Los políticos quieren tranquilidad para expoliar a gusto el presupuesto público y por eso apartan a los incontrolados. No para hacer justicia, sino para que no les estropeen el negocio.

Por ello no se entiende la impunidad que los sucesivos gobiernos democráticos han concedido a las entidades de gestión de derechos, en especial a la SGAE, para que hayan impuesto un régimen de terror ciudadano en torno al uso de la cultura. Porque ningún organismo recaudador intimida, invade la privacidad, amenaza, perjudica y acosa al ciudadano de la forma que lo hace esta chusma. Es otro ejemplo perfecto de fascismo progresista en el que, con la excusa de proteger unos supuestos derechos de autor, se ha llegado a un punto en el que la recaudación de dinero es un fin en sí mismo, llegando al extremo de perjudicar incluso a los que se supone que protegen.

Tampoco se entiende que siga habiendo un sector de la población que defienda la existencia y funcionamiento de estas entidades. Que lo defiendan quienes se benefician de su corrupción es lógico, pero ¿qué grado de atontamiento y bobalización es necesario para que lo acepten los propios ciudadanos?

Los profesores ya no saben si animar a sus alumnos a representar obras de teatro, no sea que el presupuesto del colegio se desmorone por una reclamación de esta gentuza. Las parejas ya no saben si contratar una orquesta o poner música en las bodas, no sea que esta chusma les amargue el día, implantando el recuerdo de un sicario grabando el evento para demandarles en los juzgados. Eso es un régimen de terror para enriquecerse, no la defensa de derechos de autor. Por eso podemos llamarlo para-mafioso, porque no parece haber mucha diferencia entre este “impuesto de cultura” y el “impuesto de protección” que los mafiosos pedían a los comerciantes del barrio para “defenderles” de supuestos ataques.

El Alcalde de Zalamea es un clásico de la literatura y es increíble que el Gobierno socialista no haya propuesta ya una modificación de la Ley ante los continuos abusos de esta gente que han llevado, en este caso, a que una joya de nuestra historia y un pueblo unido por algo simpático, tengan que ser noticia por los desmanes de otro Don Álvaro de Ataide, el villano de la obra original.

Arco suple la falta de talento con burlas religiosas

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Burla religiosa a falta de talento artísticoHay artistillas que siguen al pie de la letra aquello de que es mejor que hablen mal de mí, a que me ignoren. A falta de talento Arco, entre otros, recurre a la burla religiosa para llamar la atención.

Arco empieza su edición de este año atemorizada por la crisis y esperando que las polémicas religiosas llamen algo de atención sobre su contenido. Recordemos que Arco no es una feria de artistas, sino un escaparate comercial para tratar de colocar lo que no se ha podido vender en meses anteriores o convencer al visitante de que cierto desconocido es el próximo Picasso. Hay un libro excelente, que comentaremos en otra ocasión, sobre la forma en que las galerías manipulan el mercado del arte y especulan con humo.

Por tanto la crisis atemoriza a los organizadores y expositores, que no saben si cubrirán gastos. Pero no es esto lo que nos llama la atención, sino que, a falta de verdaderas noticias sobre el contenido, Arco ha recurrido a llamar la atención sobre un “supuesto” artista que ha recurrido a la burla de los judíos para su “obra”. Lo triste del tema es que el truco, burdo, simple y repetido, sigue funcionando y la propia Embajada Israelí les ha seguido el juego publicando una nota de prensa. Más publicidad gratuita.

El recurso de hacer burla de la religión de otros debería ser un ejemplo obligado en los cursos de marketing viral. La velocidad a la que se difunde la noticia de que alguien ha hecho un cuadro, una sesión fotográfica o una escultura representando a María haciéndole una felación a José es superior a la del sonido. Y todo el mundo quiere ser el primero en comentarle a otros que ha visto la “original” muestra de arte. Es una oportunidad excelente para ser más “progre” que otros y no se pierde el tiempo para poner un enlace en la cuenta de Facebook, mandar un correo con 30 copias o comentarlo en el café de media mañana.

Hasta los organismos oficiales se apuntan a la moda. En 2005 fue Lérida la que financió un comic gay sobre el cristianismo. El año pasado Madrid lo hizo con un calendario de lesbianas con el mismo tema. Porque lo más lamentable de esta práctica es que el comportamiento de estos artistas fracasados, de los concejales de cultura que los financian y de quienes los aplauden, es que se han rebajado a la categoría de matón de patio de colegio, que sólo se mete con quien no se defiende.

La Iglesia Católica y, en menor medida otras confesiones, es el blanco perfecto de estos ataques, recibidos con risas por todo el mundo. Los mismos que, si recibieran esas burlas en su círculo íntimo, las rechazarían con vehemencia. Recordemos los lloriqueos de Cejacero hace un par de años con el caso de las viñetas sobre Mahoma, por las que fue amenazado de muerte un dibujante. En aquel caso, es que no se sabía respetar la diferencia. ¿Y cuando se ridiculiza el cristianismo es una muestra de multiculturalidad?

Hay una gran diferencia entre no profesar una religión, como quien escribe estas líneas que es ateo desde hace décadas, a utilizar el escarnio fácil y el corro de bobos que lo jalean para suplir la falta de talento. Porque si analizamos detenidamente la obra de estos “artistas”, veremos que carecen por completo de esmero, complejidad, inventiva o creatividad.

Alemania pone coto a la inmigración

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Alemanía cierra el grifo a la inmigraciónEl año pasado ha bajado el número de nacionalizaciones en Europa, un signo del endurecimiento de la política comunitaria que algunos ven como racista y otros como racional. ¿Quién tiene razón?

El País informa de que el número de nacionalizaciones en Alemania ha descendido, el 18% en 2008. La causa, en un alarde de neutralidad informativa, se achaca al cruel “endurecimiento” de las pruebas de nacionalización, en especial el apartado de competencia en el idioma alemán.

La noticia es uno de esos indicadores que se acumulan a otros muchos, como la polémica que surgió hace pocas semanas con el empadronamiento de los inmigrantes. ¿Es injusto hacer un examen de idioma a quien se nacionaliza? ¿Estamos obligados a dar servicios a los inmigrantes ilegales?

Lo que la noticia tendría que decir es que las pruebas de inmigración se han modificado para que los candidatos a la ciudadanía alemana demuestren un conocimiento del idioma suficiente para convivir, cosa que no hacía con anterioridad. La progresía de izquierdas se lleva las manos a la cabeza y lo etiqueta de inmediato como medida racista y xenófoba, pero ¿qué hay de malo en pedir que quien se integre en un país demuestre que lo conoce y que puede convivir?

Alemania no ha hecho nada que no tenga Gran Bretaña, Australia o Francia desde hace años: un examen en el que tienes que demostrar no sólo que hablas el idioma, sino que conoces el sistema democrático, unos mínimos usos y costumbres y algo del país. Esto disminuye la posibilidad de conflictos, de que quien adquiere los derechos totales de un ciudadano no sea consciente de que también tiene obligaciones.

Porque, en definitiva, lo que está ocurriendo es que en época de crisis los gobiernos se replantean si su política de “barra libre” con los inmigrantes a cambio de votos o empresarios contentos es sostenible. Cataluña es un ejemplo perfecto del primer caso: los partidos nacionalistas tienen un ansia feroz en que los inmigrantes tengan derecho de voto en los ayuntamientos, y ofrecen ventajas exageradas con la condición de que acepten el catalán como única lengua y Cataluña como nación. Andalucía es un ejemplo de lo segundo, que ha permitido el crecimiento de guetos inmorales para que el campo tenga una mano de obra tirada. Pero en algún momento llega el choque de realidad: la sanidad, por ejemplo, no es un derecho divino, sino el resultado de un contrato social por el que los miembros de una sociedad financian un servicio médico común.

Si se acepta empadronar a miles de ilegales que exigen servicios, pero que van a vivir de la economía sumergida, el sistema se rompe. Si se les acepta en épocas de bonanza y se les echa cuando hay problemas, perdemos dignidad. A falta de una política común de inmigración, cada país está tirando por donde puede.

Así que el problema no es hablar alemán. Que, por otro lado, tiene todo el sentido del mundo.

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